Fertilización Nitrogenada de la Cebolla

Fertilización Nitrogenada de la Cebolla

La cebolla es una de las hortalizas más importantes en todo el mundo. Su producción mundial se encuentra en constante incremento, tan solo en un periodo de 10 años (1996 a 2006) se registró un crecimiento del 50 %, llegando a una producción de 65 millones de toneladas. Más del 50 % de esta producción se concentra entre los cinco principales países productores a nivel mundial, que son China, India, Estados Unidos, Pakistán y Rusia (Ottone, 2008).

 

México también destaca en la producción de este cultivo, situándose la mayor parte de la producción nacional en los estados de Chihuahua, Guanajuato, Baja California, Puebla, Zacatecas, Tamaulipas, Michoacán y Morelos (SIAP, 2013). En 2013, Chihuahua destacó en la producción de cebollas, logrando un rendimiento promedio de 51.95 ton/ha y una producción de 237, 402.65 ton en el estado (SIAP, 2013). En el resto de los estados los rendimientos promedios están por debajo de las 37 ton/ha. Es cierto que el clima en el estado norteño puede ayudar, pero también influye mucho el manejo del cultivo y su fertilización.

 

El manejo tradicional de la fertilización en cebollas

La fertilización, junto con el manejo del riego, son dos de los principales factores que ejercen una mayor influencia en la productividad del cultivo de cebolla. El aporte de éstos debe basarse en los requerimientos del cultivo de acuerdo a sus etapas de desarrollo, así como del diagnóstico de la fertilidad del suelo y análisis de agua de riego. Otros factores también importantes son la fecha de siembra, elección de la variedad, preparación del terreno, etc.

En la producción de cebolla en México, estos factores (en especial los primeros) no se consideran para una adecuada fertilización, por lo que es común aplicar cantidades excesivas de fertilizante o bien cantidades menores de las requeridas por el cultivo, lo que trae como consecuencia grandes mermas en el rendimiento.

 

Factores a considerar para la fertilización en cebollas

La cebolla es una hortaliza de raíz poco profunda (20 – 25 cm) y necesita de un suelo friable (mullido) que retenga suficiente humedad. Los suelos con demasiada arcilla suelen afectar el desarrollo de raíces y resulta ser muy difícil la cosecha. Mientras que la producción de cebolla en suelos arenosos es posible siempre y cuando se consideren riegos más frecuentes. Las cebollas también son sensibles a la salinidad, principalmente en etapas tempranas y conforme se desarrollan la tolerancia es mayor. Niveles de conductividad eléctrica de 4 a 5 dS/m pueden reducir hasta un 50 % el rendimiento. La cebolla es más sensible a la salinidad, al sodio y al boro que otras hortalizas como la lechuga, brócoli y col.

Manejo de la fertilización

Para la cebolla y demás cultivos es indispensable contar con un análisis de suelo y agua confiable, pues son las herramientas que ayudan a definir la dosis de fertilización que se debe aplicar al cultivo. Además es necesario conocer cuáles son los requerimientos de nutrientes del cultivo. De esta manera se puede evaluar el aporte de nutrientes del suelo y agua y la eficiencia del cultivo para aprovechar los fertilizantes aplicados. Por otro lado, el análisis de agua también nos brinda información acerca del contenido de carbonatos y elementos tóxicos que pueden afectar la nutrición del cultivo.

Fertilización nitrogenada

La fertilización nitrogenada influye directamente en el rendimiento de los cultivos y en el caso de la cebolla tiene un efecto directo en el desarrollo y calidad de los bulbos, ya que el N tiene un rol muy activo en las actividades fisiológicas de las plantas por estar vinculado directamente con el proceso de división celular.

v Crecimiento Vegetativo.- Desde la siembra, hasta el inicio del bulbeo. Aquí se sintetiza gran cantidad de proteínas. Por ello, los requerimientos de N son muy altos, debiendo aplicarlo en forma nítrica y una pequeña parte en forma amoniacal.

v Formación de Reservas.-Comprende el desarrollo del bulbo. Aquí la planta reduce y detiene su crecimiento vegetativo, se produce la hidrólisis de las proteínas y aminoácidos cuyos productos migran hacia los bulbos donde ocurre la formación de los compuestos de reserva, mientras que en las hojas hay una síntesis rápida de glúcidos en la que intervienen el P y el K. Posteriormente estos azúcares se acumularán en los bulbos.